La voluntad de Dios

Me pidieron que rezara.

Me dijeron que fue la voluntad de Dios quien se llevó a mi padre. Respondí que la voluntad de Dios también era que yo arrancara cada pedazo de carne del cuerpo de mis enemigos, hasta que el alma oscura escapara entre los jirones camino del infierno. Pude ver el horror en sus ojos y al padre John persignarse entre los temblores que les provocaba el odio en mi mirada.

Me dijeron que rezara por los enemigos de mi padre. Por mis enemigos. En aquel momento desarropé mi espada de la calidez de su funda y contesté que ella rezaría por mí.

Nadie puede curar ese dolor, ni siquiera Dios. No hay más alternativa que arañarlo con sangre y tiempo. Dios abandonó todo vestigio de misericordia ante la crueldad del hombre, contemplando fríamente la desesperación y la necesidad de unos, doblegados ante la violencia y el poder de otros. Dios no merece un hueco en mi alma; ni siquiera merece existir.

Con esos pensamientos en mente me preparé a partir.



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