Éste es mi reino

Hubo una época lejana en que era humano.
Recuerdo mi antigua mortalidad con amargura y reprimo el deseo de desgarrar mis pulmones con un rugido estéril. No alimentaré mi impotencia.

Ahora vago en un reino vacío de esperanza y redención. 
Un día fui humano. 
Pero la bestia ha engullido cada resquicio de razón y el instinto se mezcla con el placer de la sangre de quienes atraviesan el umbral.  

¡Temerarios! 
Claman osadía mientras cruzan al infierno al que pretenden enviarme, inconscientes, ignorantes de que su existencia se forja al destrozar los huesos de sus cráneos entre mis garras. Y mientras sucumben a su final, la claridad se vislumbra durante un instante en su mirada, para desaparecer por siempre, danzando hacia el Érebo, sin óbolo para Caronte.*

Éste es el infierno.
¿Te atreves, temerario?
Éste es mi reino.





*Nota: lo primero, como siempre, no tengo los derechos sobre la imagen. El texto sí es mío, pero la imagen no. Segundo, en esta entrada he utilizado bastante término mitológico griego y quiero aclarar algunos conceptos.
El Érebo era una de las regiones, la primera, del Hades, o infierno, para los griegos.
El óbolo es una moneda griega con la que se pagaba a Caronte, el señor majo de la barca que te llevaba al infierno para siempre jamás.

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