Sonrió al silencio (Tres)

La luz del ocaso reflejaba destellos dorados en el color bermejo de la sangre oscureciéndose sobre la hoja de la espada.

Su portador acarició el filo de la misma, rasgando suavemente la yema del pulgar y, al llevárselo a la boca, sintió la mezcla de sabores de los dos fluidos, del polvo y la suciedad acumulado en sus dedos, junto al dulce placer de la saliva limpiando la herida.

A sus pies el cadáver. Disfrutó de la sensación de libertad al hallarse vivo ante la presencia de la muerte, de adivinar que había sido él quien había decidido la suerte de aquel alma, como de muchos otros, en este sórdido anochecer, a cada minuto más negro. Sonrió al silencio.

Respiró el aire frío del final del día, limpió la hoja en la capa de quien había sido su hermano en una época atrás y echó a andar hacia el cobijo de los troncos de los árboles, buscando la calidez que la oscuridad brinda a los hombres sin alma.





No hay comentarios:

Publicar un comentario