Keres

Las luces rojizas del alba anuncian el final, abalanzándose sobre el horizonte como un ave de presa se abalanza sobre una cría de zorro.

Miras alrededor y te preguntas quién ha vencido. Obvias la respuesta al ver la alfombra de cuerpos agonizantes o muertos, desangrados, formando un espejo de sangre frente al cielo enrojecido por la ira.
Se respira muerte, dolor, sangre, humo, arena, pesadumbre… Poco queda de la furia del corazón del guerrero, el honor de la batalla, los sonidos de los cuernos y los cascos de caballo…

No queda nada.

La victoria se la lleva Ker, quien lleva rato tejiendo su trabajo. Esta noche habrá muchas más almas en el infierno, acunándose entre sí. Los vestigios de la lucha entre aceros quedan olvidados por la noche.
Compruebas tus heridas, ninguna mortal y te persignas. Dios te ha concedido una tregua esta noche, pero en el fondo lloras por la visión de la victoria aplastada frente al dolor.

La batalla ha terminado, pero tú te rindes.



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